Vi la tristeza en bocas llenas de espanto.
Su voz sonaba a dolor que se inoculaba en
las venas del miedo
mientras ojos desorbitados
recorrían el pentagrama de la ansiedad.
Por la orilla del terror resbalaban
lágrimas de angustia
que iban a estrellarse en el llanto
de corazones rotos por la lentitud del tiempo.
La tristeza persistía en el espanto de las bocas.
Y el dolor habitaba los corazones compungidos.
Manos de asombro
sostenían la sinfonía de pálpitos
hasta que la compasión del tiempo
se apiadaba de tanta desidia.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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