El dolor hirió la inocencia de unas manos.
Aún se oían voces tiernas que gritaban
en los días azules
y gotas de rocío
que perlaban la blancura de los lirios.
Aún se oían los suspiros de las flores
en una tarde de verano
y los susurros de las olas que se estrellaban
en los acantilados de la esperanza.
Aún se oía la transparencia del viento
que rozaba los labios del júbilo.
Pero el dolor hirió la inocencia de unas manos
que sólo podían tocar el latido del miedo
y refugiarse en el límite del llanto.
¡Lívido silencio en el espesor de la tristeza!
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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