Aquella mirada entre el dolor y la muerte
se deshizo en lágrimas de fuego
que quemaban las horas de sopor y hastío.
Un silencio espeso y amarillo subía
por los labios perdidos de la congoja y el miedo
y
tú
caías
al abandono de la locura y la soledad.
Sombras sin pájaros se posaban al borde
del ataúd del tiempo
y notas de fuego
quemaban las horas de sopor y espanto.
Gotas de lluvia se posaron en los párpados del cielo
mientras una lágrima rodaba por la mejilla del dolor.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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