Me sumergí en las horas felices de mis sueños
para olvidarme del rostro impasible
y ahora una mirada de dolor
hiere mis ojos
como el zumbido de la abeja el carmín de la flor.
Fui ave de luz y voz del silencio
que voló por los labios del alba
hasta hundirse en la lujuria de la libertad.
Y ahora veo de nuevo la mirada sin rostro
que atraviesa el límite de mi angustia
y husmea los rincones más recónditos de mi soledad.
Ya sólo me rodean las sombras de la ausencia
en la noche del llanto.
Ya sólo hay luz
en las pupilas de la oscuridad.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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