viernes, 17 de abril de 2026

Arrojé al mar la herida de mi dolor

 

Arrojé al mar la herida de mi dolor

para que no sangrara más,

arrojé mis lágrimas a la orilla de la luna

para que mi piel besara la hipérbole de la brisa.


En la noche sin límite vi la huida del tiempo

por la pendiente que atraviesa el dolor.

Un aullido de silencio estalló a mi lado

y se precipitó en el abismo del miedo.

Vi voces huir por un desierto de sombras.

Vi el dolor salir de bocas desorbitadas.

Vi manos herir el llanto de la noche.

Vi uñas rasgar el lomo del viento.

Vi golpear la luz del vértigo.


Para que mis lágrimas no cayeran en el llanto de la luna

arrojé mi dolor a la herida del mar.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 15 de abril de 2026

El susto agonizaba bajo aquel rostro sin ojos

 

El susto agonizaba bajo aquel rostro sin ojos

que miraba a la cara del miedo.

Eran días de angustia

que llenaban los huecos de mi corazón.

Ibas cargado de espanto por los caminos

de las horas perdidas.

Se oían gritos de ausencia

que atravesaban las paredes del viento

donde habitaba la bestia del dolor.

Callaste tu silencio

por miedo a que te viera

aquella mirada del olvido

y lentamente entraste en el vacío de mis ojos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 13 de abril de 2026

Eran días idénticos al dolor que cabía en mis manos

 

Eran días idénticos al dolor que cabía en mis manos,

días que se extendían hasta las nubes,

días blancos de silencio que llenaban el vacío de mi sombra.

El dolor caía hasta mis labios

y era más denso que el aire.

El dolor había sustituido al amor

y ascendía por los días grises de mi memoria,

ascendía por los muros tristes del silencio

hasta el recuerdo del olvido.

No había alegría ni pena en aquellos días de dolor.

Todo era gris como la indiferencia,

melancólico como la soledad,

vacío como la ausencia.

Prisionero en el dolor, sólo me quedaba soñar

un sueño más alto que los muros del silencio.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 10 de abril de 2026

Quiero sentir

 


Quiero sentir

la soledad de mis pensamientos.

Quiero sentir

la luz del ocaso que cae en mis manos.

Quiero sentir

el rumor de la olas

que rompe la monotonía de mi pesar.

Quiero sentir

la brisa que acaricia mi piel.

Quiero sentir

el dolor de la ausencia

que han dejado los recuerdos en mi soledad.

Quiero sentir

el paso del tiempo a la luz de la luna.

Quiero sentir y soñar.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 8 de abril de 2026

Siento la sonrisa del tiempo en mis labios

 

Siento la sonrisa del tiempo en mis labios.

Viene por el viento azul sin límites,

por el horizonte sin ocaso.

El último suspiro de las violetas

se estrella en mis manos

y su quejido se aleja

como pájaro azul

por la orilla del desengaño.

Hay rosas que mueren

en la frontera sin límite de la nostalgia

cuando el tiempo se detiene

en la sonrisa de unos labios.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 6 de abril de 2026

Duele la tarde de espanto que se precipita

 

Duele la tarde de espanto que se precipita

sobre el silencio de los bosques,

duele el quejido del mar que se estrella

contra el viento del norte,

duele el llanto de la luna que sangra

en la tenebrosidad de la noche,

duele el paso del tiempo

deshojando los pétalos de las horas.

Duele la vida,

duele la muerte,

duele el amor...

¡Y si hubiera una música que tocara en la tarde de espanto,

una voz que cantara en el mar,

una luz que ardiera en la oscuridad de la noche

y una sonrisa que brillara toda la eternidad!


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 3 de abril de 2026

Vi caballos de espanto que cabalgaban por la noche del frío

 

Vi caballos de espanto que cabalgaban por la noche del frío.

Vi alas de luz que huían del descaro de los cuervos.

Más allá del tiempo vi sombras

que revoloteaban en la caída del abismo.

Vi flores amarillas que con su pena herían mis labios.

Vi miradas de miedo que se escondían

entre los suspiros de los álamos.

El llanto se acurrucaba entre las gélidas sábanas

que cubrían el hambre y el desamparo.

¡Ah la mueca de la indigencia!

¡Ah el gesto del dolor!

¡Ah la desesperación!

Un mundo de desolación

se sumergía en el gélido invierno.

Y las miradas pasaban por la calle de la indiferencia

caminando de soslayo.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor