Era el grito del silencio, la palabra sin sonido,
la hora en que
el miedo amordazaba los labios.
Se abría la luz en la curva del horizonte
para iluminar la ausencia de la gratitud
y en medio de la nada
surgía el llanto del dolor
que encendía la penumbra de los corazones.
Cada mañana la voz sin rostro se sumergía
en el mar de la serenidad.
Ponía en el silencio palabras
que llenaban el corazón de dolor
y sus espinas se clavaban en las paredes del abismo.
Lágrimas como gritos
se estrellaban en el cristal de los sentimientos
y la voz sin rostro seguía martilleando los oídos.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor