De mis labios caen lágrimas de dolor
que mis ojos ya no vierten por estar marchitos
de tanto llorar
en la resignación y el cautiverio.
Un suspiro angustioso
atraviesa
la soledad de la noche
para esconderse bajo el silencio
del abandono y la desesperación.
Y una sombra silenciosa observa
desde el ángulo de la indiferencia y la crueldad
el olvido
de tanto llanto.
El dolor es tanto alto,
que ya no cabe en sí mismo.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor