Siento el acero de unos ojos en el dolor de mis labios,
una mirada apoyada en los latidos de mi corazón.
Risas aterciopeladas se apresuran
por la comisura del silencio
hasta romper
el canto del jilguero en los suspiros de mi pecho.
Una boca llena de espanto
se apoya en las sombras de la noche
y lágrimas colmadas de dulce nostalgia
se precipitan
en el dolor de mis manos.
La música del silencio toca acordes de oro
que resplandecen en el espesor de las tinieblas.
Y la agonía de mi pena
se deslíe en la dulzura del llanto.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor