El dolor chocaba contra el cristal frío de la ventana
y caía lentamente al suelo
retorciéndose en el verdor de la hierba.
En el espejo del agua
se reflejaba una boca de espanto
que huía, despavorida, del tedio de la tarde.
En el temblor de una rama
se posó el canto de un jilguero
cuando se alejaba de los aullidos del ocaso.
Tu voz llegó hasta mí
rota por el estallido del silencio
que se precipitó por las laderas de la noche.
Un alarido salido de lo más profundo de tu dolor
fue a estrellarse en el cristal del agua
en que se miraba el asombro de tus ojos.
Gotas de infinita pena resbalaron por tu cara.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor