lunes, 23 de marzo de 2026

Días grises resbalaban por los lados de octubre

 

Días grises resbalaban por los lados de octubre.

Jirones de dolor se enredaban

en las ramas de los robles

y se ocultaban bajo la tristeza de las hojas.

La lluvia caía por el declive de la nostalgia

y se estrellaba

contra el muro amarillo de la indiferencia.

Una tórtola se posó en el final de la tarde

y sus arrullos rasgaron

la monotonía de las nubes.

Todo era dolor y soledad.

Todo era melancolía y espanto.

Entonces escuché la voz del silencio

que le gritaba al atardecer

y los arrullos de la tórtola se diluyeron en la lluvia.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 


viernes, 20 de marzo de 2026

El miedo y la noche se abrazaron con espanto

 

El miedo y la noche se abrazaron con espanto.

Palabras aisladas rebotaban

en las paredes del silencio

y se retorcían de dolor

en el temblor de la hierba.

Era la hora del llanto.

Las tinieblas aplastaban el murmullo de las olas

en la orilla del sueño.

Era la hora del silencio,

pero se escuchaban gritos desesperados

que rompían la añoranza de la soledad.

Los árboles donde se posaba la sombra de los pájaros

se quejaban de dolor.

Después, el frío. Después, el miedo.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Vi la luz de la noche en campos yermos

 

Vi la luz de la noche en campos yermos.

Ojos llenos de terror se cerraban

ante la lluvia amarilla de espanto

y caían en mis manos párpados violáceos

como pétalos yertos.

Alas sin luz huían despavoridas

por la línea del tiempo

y se confundían con la noche de los ángeles caídos.

Una voz rota se precipitó

por la cascada del miedo.

Tras la campana del dolor

se escuchó el alarido del viento

que en su veloz huida se dejó jirones de piel

en los blancos espinos.

Gotas de dolor caían en los campos yermos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 16 de marzo de 2026

Era la noche sin límite

 

Era la noche sin límite

que creció más allá del silencio,

era la noche en que la amargura se escondía

en las grietas de los muros viejos.

Vi sombras golpeadas por el látigo del dolor.

Vi lágrimas que resbalaban

por las arrugas del tiempo.

Vi suspiros que se suspendían en el vacío.

Vi gemidos que golpeaban

la piel de los cuerpos.

Vi voces que se ocultaban

entre pétalos amarillos.

Vi manos sarmentadas que se retorcían como vencejos.

Vi la huella del dolor en la noche sin orilla

que crecía más allá del silencio.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 13 de marzo de 2026

Más allá del silencio todo era caos

 

Más allá del silencio todo era caos,

todo era vértigo.

Vi una luz sin sombras

que caía en el pozo de la noche sin fondo.

Todo era dolor en las manos

que

acariciaban la cuna del sueño.

La vejez,

toda la vejez se hundió en un tiempo sin límites.

Era el momento de las fieras sin cuerpo.

Era el momento de los pájaros sin alas.

Era el momento de los cuerpos sin rostro.

Una voz rozó el silencio de las manos

que acariciaban el sueño.

Luego

se precipitó en la noche sin fondo

para llevarse mis recuerdos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 11 de marzo de 2026

¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

 


¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

¿No era el grito de la tarde que caía, amarillo,

sobre la lentitud del tiempo?

¿O era el dolor del agua que sangraba

al estrellarse contra la indiferencia del olvido?

Eran el temor y la tristeza que huían de la soledad de los chopos

para ampararse en la ternura del llanto.

En mis manos cayó su sufrimiento.

Aún se esconde la soledad

en la luz de unos ojos que lloran

bajo la sombra del miedo.

Y la tristeza se refugia en una mirada de espanto

que llena un océano de vacío.

Por la línea azul del tiempo

va volando el pájaro del dolor

que rozó la indiferencia del olvido.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 9 de marzo de 2026

Era la hora de la tristeza

 

Era la hora de la tristeza.

Unos ojos cansados miraban la carretera

por donde no venía nadie.

Sólo el viento aullaba en la apatía de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

A lo lejos, en las ciudades, el tiempo se detenía,

el tiempo no era de nadie,

sólo una mueca de dolor caía

en la mirada cansada

que se perdía

en la apatía

de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

Y no venía nadie.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor