El miedo y la noche se abrazaron con espanto.
Palabras aisladas rebotaban
en las paredes del silencio
y se retorcían de dolor
en el temblor de la hierba.
Era la hora del llanto.
Las tinieblas aplastaban el murmullo de las olas
en la orilla del sueño.
Era la hora del silencio,
pero se escuchaban gritos desesperados
que rompían la añoranza de la soledad.
Los árboles donde se posaba la sombra de los pájaros
se quejaban de dolor.
Después, el frío. Después, el miedo.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor