Por los lados de la tarde resbalaban lágrimas
que encendían el llanto.
Llevaba el dolor en sus manos
y en sus labios el terror que caía de sus ojos.
Era triste en sus ademanes.
Su mirada se ocultaba en la lentitud de las horas,
en la nostalgia del olvido,
en el paso del tiempo.
Con la boca llena de espanto
y las manos que se retorcían de dolor
ascendió hasta el borde del ocaso
para ocultarse en el límite de la luz.
Sus lágrimas resbalaron por los párpados del llanto
hasta que el dolor oscureció la noche.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor