Eran días idénticos al dolor que cabía en mis manos,
días que se extendían hasta las nubes,
días blancos de silencio que llenaban el vacío de mi sombra.
El dolor caía hasta mis labios
y era más denso que el aire.
El dolor había sustituido al amor
y ascendía por los días grises de mi memoria,
ascendía por los muros tristes del silencio
hasta el recuerdo del olvido.
No había alegría ni pena en aquellos días de dolor.
Todo era gris como la indiferencia,
melancólico como la soledad,
vacío como la ausencia.
Prisionero en el dolor, sólo me quedaba soñar
un sueño más alto que los muros del silencio.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor