lunes, 10 de agosto de 2026

Aquella mirada entre el dolor y la muerte

 

Aquella mirada entre el dolor y la muerte

se deshizo en lágrimas de fuego

que quemaban las horas de sopor y hastío.

Un silencio espeso y amarillo subía

por los labios perdidos de la congoja y el miedo

y

caías

al abandono de la locura y la soledad.

Sombras sin pájaros se posaban al borde

del ataúd del tiempo

y notas de fuego

quemaban las horas de sopor y espanto.

Gotas de lluvia se posaron en los párpados del cielo

mientras una lágrima rodaba por la mejilla del dolor.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 


viernes, 7 de agosto de 2026

Me sumergí en las horas felices de mis sueños

 

Me sumergí en las horas felices de mis sueños

para olvidarme del rostro impasible

y ahora una mirada de dolor

hiere mis ojos

como el zumbido de la abeja el carmín de la flor.

Fui ave de luz y voz del silencio

que voló por los labios del alba

hasta hundirse en la lujuria de la libertad.

Y ahora veo de nuevo la mirada sin rostro

que atraviesa el límite de mi angustia

y husmea los rincones más recónditos de mi soledad.

Ya sólo me rodean las sombras de la ausencia

en la noche del llanto.

Ya sólo hay luz

en las pupilas de la oscuridad.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 5 de agosto de 2026

En la penumbra se alza un rostro sin llanto ni gemidos

 

En la penumbra se alza un rostro sin llanto ni gemidos.

Siente la furia del mar y los aullidos del viento

que se estrellan

contra las paredes del insomnio.

Arden peces en sus ojos

cuando llega cansado el atardecer

y tiembla la luz al tocar sus manos

los labios del ocaso.

Una línea púrpura atraviesa el horizonte lejano.

El miedo se esconde en los ojos de los peces.

Rezuma dolor por las paredes

del espanto

cuando mil bocas mudas

estallan en un grito de silencio

al contemplar el rostro sin llanto ni gemidos.


© Julio Noel  


De Estallidos de dolor 

lunes, 3 de agosto de 2026

Debajo de una mirada arde el color del llanto

 

Debajo de una mirada arde el color del llanto.

Yo vi unos ojos que besaban la flor amarilla

de la ausencia.

Ojos que reflejaban la dulzura de una noche de verano

en un mar de lágrimas y suspiros.

Por el borde del llanto

se desliza el dolor de unas manos

que ya no pueden tocar la ternura de un beso.

Por los labios abrasados camina una voz

aterrada

para ocultarse

entre los muros del miedo.

Muros heridos por la lluvia y el viento.

Yo vi unos ojos que derramaban dolor y espanto.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 31 de julio de 2026

Regreso a lo desconocido atravesando el dolor

 

Regreso a lo desconocido atravesando el dolor

de unos labios que mueren envueltos en sollozos.

¡Ah el silencio de las palabras

que caen en el vacío!

¡Ah el grito de una boca sin rostro!

La angustia resbala por los aullidos de la soledad

hasta perderse en los valles sin límite

y en los mares sin fondo.

Hay un ruiseñor solitario

que canta a la tristeza en los jardines perdidos.

¡Ah la soledad de unos ojos

que lloran la ausencia de los álamos!

¿Hasta cuándo durará la indiferencia de las piedras

mordiendo el polvo del camino?

Yo vi unos labios que besaban los latidos del tiempo.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 29 de julio de 2026

Déjame que salga a la luz de la esperanza

 

Déjame que salga a la luz de la esperanza

para recorrer los caminos del silencio

por la senda sin nombre.

Déjame que busque los aullidos de soledad

en el vacío de una ausencia

que oculta el dolor de mis labios.

Aún recuerdo la luz del alba que cegaba mis ojos

con un tul púrpura

para que no viera los gritos de angustia

que caían del espanto de tu boca.

Aún recuerdo aquella mirada ausente

que se perdía en la inmensidad azul

para no tocar la herida de mis sentimientos.

Déjame llorar a solas

el dolor de una ausencia y de un olvido.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 27 de julio de 2026

Aún seguía en los suspiros de la noche

 

Aún seguía en los suspiros de la noche

que derramaba sombras de luz

por los caminos indecisos de los sueños.

Aún seguía en la incertidumbre de las horas

que se estrellaban contra las nubes del desencanto

como el pájaro que vuela entre el miedo

y los aleteos de la luz.

Subía por la pendiente del desamparo

hasta rozar con los dedos

el límite del dolor.

Cada mañana, al tocar la luz del alba,

se desprendía de su boca la angustia

para caminar por el borde de la libertad.

Y desde el límite del tiempo

se sumergía en el mar sin orillas de los sueños.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor