viernes, 13 de febrero de 2026

En la transparencia del agua vi la sombra del tiempo

 

En la transparencia del agua vi la sombra del tiempo

que huía por los recuerdos de mi infancia.

Haces de relámpagos caían en el piélago del miedo

y encendían el terror en mis oídos.

¡Ah, el árbol fulminado bajo el hacha de fuego!

Sombras de pájaros huían por la boca del abismo.

La desolación cimbreaba ante el temor de mis ojos.

Ráfagas huracanadas descendían

hasta el asombro de la hierba.

La tarde de espanto era más alta

que la firmeza de los álamos.

Un estruendo telúrico retumbó

en el susto de las piedras

y se abrieron las cataratas del cielo.

Confusión y lluvia corrían de la mano por todas partes

y el miedo se adueñó del olvido.

¡Tarde de horror en mis ojos!


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

jueves, 12 de febrero de 2026

Quién ha roto esta transparencia

 

¿Quién ha roto esta transparencia?

Un pájaro canta la tristeza de la tarde

bajo la sombra del olvido.

En el muro de la resignación

se agitan los jirones del dolor

abandonados en el precipicio de la desesperación.

La mueca del vacío sonríe al perfume de las violetas

que lanzan suspiros al tedio de la tarde.

El pájaro de alas de cristal bebe los fragmentos

de la transparencia rota

y se esconde

en el perfume azul

de las violetas.

Un suspiro entierra en el velo añil

la tristeza de la tarde.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Bajo el silencio de los robles escuché la huida del tiempo

 

Bajo el silencio de los robles escuché la huida del tiempo.

Se iba en el zumbido de los insectos

hacia la profundidad del aire.

En el borde de su ausencia

las margaritas lloraban su soledad.

Gotas de rocío deslizaban su angustia

por la nieve de sus labios.

El dorado rumor de una abeja

se posó en el tedio amarillo de una flor.

Bebió la luz del rocío

antes de asustar con su zumbido la quietud de otra flor.

Abeja y margaritas lloraron juntas el dolor de la tarde

antes de decirse adiós.

Y a mí se me partió el corazón.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

martes, 10 de febrero de 2026

Subo a tientas por un rayo de luz

 

Subo a tientas por un rayo de luz

hasta la mansedumbre de los robles.

Me acuesto en el roce de su sombra

y contengo la respiración.

Siento en mi piel la música del aire.

El canto del silencio acaricia mi cuerpo.

Su rumor resbala por la penumbra de mis párpados

como una serpiente deslizándose por la quietud de las hojas.

Hay violetas a mi alrededor

y escucho el dolor amarillo de la tarde.

Siento frío en mi corazón

al soñar que me desvanezco

entre el murmullo de los robles

y que una sonrisa pasa a mi lado acariciando el aire.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 9 de febrero de 2026

Más allá de las sombras

 

Más allá de las sombras

vi flores que ardían en la luz de lo desconocido.

Octubre iba dejando atrás la plenitud del estío.

En el camino quedaban retazos de mi dolor

prendidos en las caricias de los espinos.

Frutos dorados me sonreían desde los árboles.

Mis pies hollaban el rocío

que se estremecía en la hierba.

Pájaros de alas oscuras herían el hueco de la luz

y precipitaban su canto en la huida.

Más allá de las sombras

la incertidumbre de mi dolor

se diluía entre los jirones de la bruma.

Entonces,

una lágrima urente rodó

hasta la orilla de mi llanto.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 6 de febrero de 2026

No fue suficiente el cielo azul

 

No fue suficiente el cielo azul

para esconder tanta soledad.

El viento del sur ascendía hasta tu mirada

y se retorcía entre los escollos del mar.

La luz de un aroma se extendía por el valle

hasta cubrirlo todo con un velo transparente

e inasible al vuelo de los pájaros.

Una ola de angustia descendió

por la ladera de unos párpados

que latían el dolor de la ausencia.

La armonía del silencio resonó

sobre el aullido del viento

que se estremecía

en los labios de una sonrisa.

Y la soledad se sumergió en la inmensidad azul.


© Julio Noel


De Estallidos de dolor 

jueves, 5 de febrero de 2026

No bastó el mar sin orillas

 

No bastó el mar sin orillas

para beber todo el dolor de un beso.

Vi la sombra de la incertidumbre

abrirse en la herida de la noche.

Un alarido de silencio atravesó la oscuridad.

Vi precipitarse el llanto sobre la hierba.

Un pájaro ocultó su canto en un ala rota.

Los lirios lloraban lágrimas azules

que herían la fragancia de sus labios

en la hora de los sueños.

Entonces se abrieron las rosas

en la profundidad de la noche

y todo mi dolor se redimió en un beso. 


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor