viernes, 13 de marzo de 2026

Más allá del silencio todo era caos

 

Más allá del silencio todo era caos,

todo era vértigo.

Vi una luz sin sombras

que caía en el pozo de la noche sin fondo.

Todo era dolor en las manos

que

acariciaban la cuna del sueño.

La vejez,

toda la vejez se hundió en un tiempo sin límites.

Era el momento de las fieras sin cuerpo.

Era el momento de los pájaros sin alas.

Era el momento de los cuerpos sin rostro.

Una voz rozó el silencio de las manos

que acariciaban el sueño.

Luego

se precipitó en la noche sin fondo

para llevarse mis recuerdos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 11 de marzo de 2026

¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

 


¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

¿No era el grito de la tarde que caía, amarillo,

sobre la lentitud del tiempo?

¿O era el dolor del agua que sangraba

al estrellarse contra la indiferencia del olvido?

Eran el temor y la tristeza que huían de la soledad de los chopos

para ampararse en la ternura del llanto.

En mis manos cayó su sufrimiento.

Aún se esconde la soledad

en la luz de unos ojos que lloran

bajo la sombra del miedo.

Y la tristeza se refugia en una mirada de espanto

que llena un océano de vacío.

Por la línea azul del tiempo

va volando el pájaro del dolor

que rozó la indiferencia del olvido.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 9 de marzo de 2026

Era la hora de la tristeza

 

Era la hora de la tristeza.

Unos ojos cansados miraban la carretera

por donde no venía nadie.

Sólo el viento aullaba en la apatía de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

A lo lejos, en las ciudades, el tiempo se detenía,

el tiempo no era de nadie,

sólo una mueca de dolor caía

en la mirada cansada

que se perdía

en la apatía

de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

Y no venía nadie.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 6 de marzo de 2026

El llanto rasgó el velo de la noche

 

El llanto rasgó el velo de la noche.

Ya no hay consuelo sin dolor.

Hay huellas borradas en la arena,

huellas que dejó la gaviota al andar;

hay huellas borradas en la arena,

huellas que besó el mar.

A lo lejos veo una luz que enciende la noche,

una vela que se pierde en el mar,

el vuelo lejano de la gaviota

que se cansó de andar.

Alguien rompió el dolor de la arena

cuando la gaviota se echó a volar,

el llanto huyó del miedo de la noche

para caer en las olas del mar.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Quién ha roto el cristal del río

 

¿Quién ha roto el cristal del río?

Un hilo de sangre rasga la blancura de un lirio

que se asoma a la transparencia del agua

donde todo es dolor.

La angustia de un pájaro se posa en una rama

que juega con la luz y el viento.

Vienen ángeles del frío a esconderse

en el temblor de la hierba.

Gritos de silencio hieren

la ternura de una flor

que esparce lágrimas por el aroma de sus pétalos.

Una sombra se detiene ante el espanto de un mirlo

que se precipita en la tranquilidad de los chopos.

Una mueca de dolor recorre la superficie del agua

hasta besar la orilla del llanto.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 2 de marzo de 2026

El viento portaba trizas de dolor entre las uñas

 

El viento portaba trizas de dolor entre las uñas.

Era la tarde de espanto en que el río se precipitaba

hacia las nubes y los pájaros huían del miedo.

Un grito rompió la transparencia de la ventana

y se estrelló contra el silencio del suelo.

El susto llenó el vacío de la estancia

y todo se iluminó con la luz del asombro.

Era la tarde de espanto que derramaba lágrimas al cielo.

Por el ocaso se acercaban sombras que lo maculaban todo

y una voz huyó de la boca de la congoja.

¡Ah las campanas de duelo que tocaban a silencio!

¡Ah la angustia que se retorcía entre las muecas de los labios!

¡Ah el dolor que se llevaba el viento entre sus uñas!

¡Ah la tarde de espanto que derramaba lágrimas al cielo!


© Julio Noel 

viernes, 27 de febrero de 2026

No fue suficiente toda la eternidad

 

No fue suficiente toda la eternidad

para recordar el beso del olvido.

No fue suficiente todo el dolor del mundo

para detener las lágrimas de un lirio.

¿Para qué voy a beber el viento blanco

que se posa en la angustia de unos ojos?

¿Para qué voy a beber el color amarillo

que cae en la indiferencia de las manos?

¿Para qué voy a beber las gotas de rocío

que se funden en los horizontes lejanos

si ya no hay rosas en el camino?

Ya no hay tiempo para el beso perdido,

que se fue por el río de la amargura,

que se fue por la senda del dolor,

que se fue por la mar sin orillas,

que se fue por el vacío.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor