Opaca era la luz que llegaba a mis ojos en los días llenos de dolor.
Veía pasar los barrotes del tiempo desde el ángulo de mi desesperación.
Palabras atónitas salían de los labios de la rosa aquella tarde llena de espanto.
Desde la blancura de la magnolia una voz inaudible cayó en mis manos
y se mezcló con los gritos de la tierra
que ardían en la hoguera del dolor.
El llanto de un niño arañó mi piel
y se ocultó
en el perfume de las violetas.
El sonido
de la lluvia
caía en gotas
de espanto
por el
pergamino azul
de los lirios.
Y todo se hizo calma en la plenitud de la noche cuando el dolor se apagó en mis labios.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor