¡Qué herida tan profunda deja el desencanto!
Tardes de primavera,
cargadas de perfumes y colores,
llevabais mi alma en vuestras alas de cera.
En el cristal transparente del aire
sonrisas se veían
que volaban como mariposas
por el sueño azul de un día.
Canciones de amor
revoloteaban a mi alrededor
antes de morir en el llanto de la luna.
Pero el amor pasó ciego ante mis ojos
y la tarde trajo el dolor a cuestas.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor