Días grises resbalaban por los lados de octubre.
Jirones de dolor se enredaban
en las ramas de los robles
y se ocultaban bajo la tristeza de las hojas.
La lluvia caía por el declive de la nostalgia
y se estrellaba
contra el muro amarillo de la indiferencia.
Una tórtola se posó en el final de la tarde
y sus arrullos rasgaron
la monotonía de las nubes.
Todo era dolor y soledad.
Todo era melancolía y espanto.
Entonces escuché la voz del silencio
que le gritaba al atardecer
y los arrullos de la tórtola se diluyeron en la lluvia.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor