Subo a tientas por un rayo de luz
hasta la mansedumbre de los robles.
Me acuesto en el roce de su sombra
y contengo la respiración.
Siento en mi piel la música del aire.
El canto del silencio acaricia mi cuerpo.
Su rumor resbala por la penumbra de mis párpados
como una serpiente deslizándose por la quietud de las hojas.
Hay violetas a mi alrededor
y escucho el dolor amarillo de la tarde.
Siento frío en mi corazón
al soñar que me desvanezco
entre el murmullo de los robles
y que una sonrisa pasa a mi lado acariciando el aire.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor