viernes, 20 de febrero de 2026

Era la hora del silencio

 

Era la hora del silencio.

Miré al espanto del mar

y vi una sonrisa que se hundía en la ausencia del tiempo.

Una mano quiso tocar el perfume de sus labios

y se deshizo en el murmullo de las olas.

El ocaso se precipitó sobre el susto del mar

para ocultar su asombro.

El graznido de una gaviota se estrelló en los acantilados

y todo a mi alrededor se llenó de dolor.

Era la hora de la quietud del mar,

pero el mar no estaba quieto.

Una gaviota atravesó los gemidos del aire

y se llevó consigo el estallido del silencio.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Opaca era la luz que llegaba a mis ojos en los días llenos de dolor

 

Opaca era la luz que llegaba a mis ojos en los días llenos de dolor.

Veía pasar los barrotes del tiempo desde el ángulo de mi desesperación.

Palabras atónitas salían de los labios de la rosa aquella tarde llena de espanto.

Desde la blancura de la magnolia una voz inaudible cayó en mis manos

y se mezcló con los gritos de la tierra

que ardían en la hoguera del dolor.

El llanto de un niño arañó mi piel

y se ocultó

en el perfume de las violetas.

            El sonido

                           de la lluvia

                                           caía en gotas

                                                            de espanto

                                                                            por el

                                                                                    pergamino azul

                                                                                                    de los lirios.


Y todo se hizo calma en la plenitud de la noche cuando el dolor se apagó en mis labios.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 



lunes, 16 de febrero de 2026

El canto de la alondra se estrelló en la fuga del tiempo

 

El canto de la alondra se estrelló en la fuga del tiempo.

Sus notas, esquirlas de color, caían en el carmín de las rosas

y se esparcían por la lenidad de la primavera.

Era bella la sonrisa del alba.

Por la orilla del aire huyó un grito silencioso

de una boca oculta en el susto de los olmos.

¡Ah, el dolor que se esconde

en el grito del aire!

¡Ah, el perfume de la mañana!

¡Quién pudiera ser fugaz y eterno como el agua,

como el aroma que emana de los lirios,

como un pájaro que vuela

hacia el límite del vacío,

como un sueño azul en una noche de luz de plata! 


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 13 de febrero de 2026

En la transparencia del agua vi la sombra del tiempo

 

En la transparencia del agua vi la sombra del tiempo

que huía por los recuerdos de mi infancia.

Haces de relámpagos caían en el piélago del miedo

y encendían el terror en mis oídos.

¡Ah, el árbol fulminado bajo el hacha de fuego!

Sombras de pájaros huían por la boca del abismo.

La desolación cimbreaba ante el temor de mis ojos.

Ráfagas huracanadas descendían

hasta el asombro de la hierba.

La tarde de espanto era más alta

que la firmeza de los álamos.

Un estruendo telúrico retumbó

en el susto de las piedras

y se abrieron las cataratas del cielo.

Confusión y lluvia corrían de la mano por todas partes

y el miedo se adueñó del olvido.

¡Tarde de horror en mis ojos!


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

jueves, 12 de febrero de 2026

Quién ha roto esta transparencia

 

¿Quién ha roto esta transparencia?

Un pájaro canta la tristeza de la tarde

bajo la sombra del olvido.

En el muro de la resignación

se agitan los jirones del dolor

abandonados en el precipicio de la desesperación.

La mueca del vacío sonríe al perfume de las violetas

que lanzan suspiros al tedio de la tarde.

El pájaro de alas de cristal bebe los fragmentos

de la transparencia rota

y se esconde

en el perfume azul

de las violetas.

Un suspiro entierra en el velo añil

la tristeza de la tarde.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Bajo el silencio de los robles escuché la huida del tiempo

 

Bajo el silencio de los robles escuché la huida del tiempo.

Se iba en el zumbido de los insectos

hacia la profundidad del aire.

En el borde de su ausencia

las margaritas lloraban su soledad.

Gotas de rocío deslizaban su angustia

por la nieve de sus labios.

El dorado rumor de una abeja

se posó en el tedio amarillo de una flor.

Bebió la luz del rocío

antes de asustar con su zumbido la quietud de otra flor.

Abeja y margaritas lloraron juntas el dolor de la tarde

antes de decirse adiós.

Y a mí se me partió el corazón.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

martes, 10 de febrero de 2026

Subo a tientas por un rayo de luz

 

Subo a tientas por un rayo de luz

hasta la mansedumbre de los robles.

Me acuesto en el roce de su sombra

y contengo la respiración.

Siento en mi piel la música del aire.

El canto del silencio acaricia mi cuerpo.

Su rumor resbala por la penumbra de mis párpados

como una serpiente deslizándose por la quietud de las hojas.

Hay violetas a mi alrededor

y escucho el dolor amarillo de la tarde.

Siento frío en mi corazón

al soñar que me desvanezco

entre el murmullo de los robles

y que una sonrisa pasa a mi lado acariciando el aire.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor