Me sumergí en el silencio de la noche
en que se envolvía la plenitud de mi espanto.
Más allá del azul,
mi mirada
se perdía en las formas informes del olvido.
Miré a todos los lados
y sólo vi
la herida del dolor
que vertía el jugo amargo del acíbar
en mis labios.
Un velo azul selló la noche
y ya sólo vi
una luz lívida que cegó mis ojos
para velar la hondura de mi espanto.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor