lunes, 30 de marzo de 2026

Una voz llamó a mis oídos en el límite de la noche

 

Una voz llamó a mis oídos en el límite de la noche.

No sé si fue la muerte, el olvido o el dolor.

Lejos de la sombras escuché ausente

una voz que el viento esculpió en las olas

y que el mar convirtió en su canción.

Por la orilla del silencio oí cantar la voz desnuda,

la voz desnuda que salía del mar.

Las olas arrastraban el dolor hasta la playa,

una playa sin arena que quería llorar.

Un llanto sin voz llamó a las puertas de mi pena

una noche de muerte, olvido y dolor,

un llanto sin voz me inoculó su amargura

en lo más recóndito de mi corazón.

Una voz hirió mis oídos en la noche sin límite.

¿Sería la muerte, sería el olvido, sería el dolor?


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 27 de marzo de 2026

Manos ensangrentadas brotaban del caos

 

Manos ensangrentadas brotaban del caos

para perderse en los días sin límite.

Volaban como palomas heridas

por la curva del tiempo

y por la orilla del dolor.

Amé los labios ausentes.

Amé la desesperación.

Una palabra hirió el atardecer

y se escondió en el susto de las hojas.

La añoranza se vistió de amarillo

para cobijarse en los brazos de la amargura.

Entonces,

un grito se desnudó del tiempo

y cayó en el mar de la desesperanza.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 25 de marzo de 2026

Las caricias de la mimosa resbalaron por los cristales

 

Las caricias de la mimosa resbalaron por los cristales.

Su perfume se fundía en el oro del ocaso.

El tiempo fluía por los racimos de flores

y caía teñido de amarillo a la suavidad de la hierba.

A lo lejos el horizonte se hundía en el mar.

Una mano de nieve cerró el balcón

y el silencio rebotó en los cristales.

Un grito desgarrador rompió

el perfume amarillo

y se estrelló en el acantilado de la nostalgia.

Un pájaro de colores cruzó la tarde

y el eco de su vuelo

se perdió en las sombras.

Ya no hubo más caricias en los cristales.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 23 de marzo de 2026

Días grises resbalaban por los lados de octubre

 

Días grises resbalaban por los lados de octubre.

Jirones de dolor se enredaban

en las ramas de los robles

y se ocultaban bajo la tristeza de las hojas.

La lluvia caía por el declive de la nostalgia

y se estrellaba

contra el muro amarillo de la indiferencia.

Una tórtola se posó en el final de la tarde

y sus arrullos rasgaron

la monotonía de las nubes.

Todo era dolor y soledad.

Todo era melancolía y espanto.

Entonces escuché la voz del silencio

que le gritaba al atardecer

y los arrullos de la tórtola se diluyeron en la lluvia.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 


viernes, 20 de marzo de 2026

El miedo y la noche se abrazaron con espanto

 

El miedo y la noche se abrazaron con espanto.

Palabras aisladas rebotaban

en las paredes del silencio

y se retorcían de dolor

en el temblor de la hierba.

Era la hora del llanto.

Las tinieblas aplastaban el murmullo de las olas

en la orilla del sueño.

Era la hora del silencio,

pero se escuchaban gritos desesperados

que rompían la añoranza de la soledad.

Los árboles donde se posaba la sombra de los pájaros

se quejaban de dolor.

Después, el frío. Después, el miedo.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Vi la luz de la noche en campos yermos

 

Vi la luz de la noche en campos yermos.

Ojos llenos de terror se cerraban

ante la lluvia amarilla de espanto

y caían en mis manos párpados violáceos

como pétalos yertos.

Alas sin luz huían despavoridas

por la línea del tiempo

y se confundían con la noche de los ángeles caídos.

Una voz rota se precipitó

por la cascada del miedo.

Tras la campana del dolor

se escuchó el alarido del viento

que en su veloz huida se dejó jirones de piel

en los blancos espinos.

Gotas de dolor caían en los campos yermos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 16 de marzo de 2026

Era la noche sin límite

 

Era la noche sin límite

que creció más allá del silencio,

era la noche en que la amargura se escondía

en las grietas de los muros viejos.

Vi sombras golpeadas por el látigo del dolor.

Vi lágrimas que resbalaban

por las arrugas del tiempo.

Vi suspiros que se suspendían en el vacío.

Vi gemidos que golpeaban

la piel de los cuerpos.

Vi voces que se ocultaban

entre pétalos amarillos.

Vi manos sarmentadas que se retorcían como vencejos.

Vi la huella del dolor en la noche sin orilla

que crecía más allá del silencio.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 13 de marzo de 2026

Más allá del silencio todo era caos

 

Más allá del silencio todo era caos,

todo era vértigo.

Vi una luz sin sombras

que caía en el pozo de la noche sin fondo.

Todo era dolor en las manos

que

acariciaban la cuna del sueño.

La vejez,

toda la vejez se hundió en un tiempo sin límites.

Era el momento de las fieras sin cuerpo.

Era el momento de los pájaros sin alas.

Era el momento de los cuerpos sin rostro.

Una voz rozó el silencio de las manos

que acariciaban el sueño.

Luego

se precipitó en la noche sin fondo

para llevarse mis recuerdos.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 11 de marzo de 2026

¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

 


¿Acaso el vuelo del pájaro rozó el silencio de los chopos?

¿No era el grito de la tarde que caía, amarillo,

sobre la lentitud del tiempo?

¿O era el dolor del agua que sangraba

al estrellarse contra la indiferencia del olvido?

Eran el temor y la tristeza que huían de la soledad de los chopos

para ampararse en la ternura del llanto.

En mis manos cayó su sufrimiento.

Aún se esconde la soledad

en la luz de unos ojos que lloran

bajo la sombra del miedo.

Y la tristeza se refugia en una mirada de espanto

que llena un océano de vacío.

Por la línea azul del tiempo

va volando el pájaro del dolor

que rozó la indiferencia del olvido.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 9 de marzo de 2026

Era la hora de la tristeza

 

Era la hora de la tristeza.

Unos ojos cansados miraban la carretera

por donde no venía nadie.

Sólo el viento aullaba en la apatía de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

A lo lejos, en las ciudades, el tiempo se detenía,

el tiempo no era de nadie,

sólo una mueca de dolor caía

en la mirada cansada

que se perdía

en la apatía

de los cristales.

Era la hora de la tristeza y el dolor.

Era la hora de la soledad.

Y no venía nadie.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

viernes, 6 de marzo de 2026

El llanto rasgó el velo de la noche

 

El llanto rasgó el velo de la noche.

Ya no hay consuelo sin dolor.

Hay huellas borradas en la arena,

huellas que dejó la gaviota al andar;

hay huellas borradas en la arena,

huellas que besó el mar.

A lo lejos veo una luz que enciende la noche,

una vela que se pierde en el mar,

el vuelo lejano de la gaviota

que se cansó de andar.

Alguien rompió el dolor de la arena

cuando la gaviota se echó a volar,

el llanto huyó del miedo de la noche

para caer en las olas del mar.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Quién ha roto el cristal del río

 

¿Quién ha roto el cristal del río?

Un hilo de sangre rasga la blancura de un lirio

que se asoma a la transparencia del agua

donde todo es dolor.

La angustia de un pájaro se posa en una rama

que juega con la luz y el viento.

Vienen ángeles del frío a esconderse

en el temblor de la hierba.

Gritos de silencio hieren

la ternura de una flor

que esparce lágrimas por el aroma de sus pétalos.

Una sombra se detiene ante el espanto de un mirlo

que se precipita en la tranquilidad de los chopos.

Una mueca de dolor recorre la superficie del agua

hasta besar la orilla del llanto.


© Julio Noel 


De Estallidos de dolor 

lunes, 2 de marzo de 2026

El viento portaba trizas de dolor entre las uñas

 

El viento portaba trizas de dolor entre las uñas.

Era la tarde de espanto en que el río se precipitaba

hacia las nubes y los pájaros huían del miedo.

Un grito rompió la transparencia de la ventana

y se estrelló contra el silencio del suelo.

El susto llenó el vacío de la estancia

y todo se iluminó con la luz del asombro.

Era la tarde de espanto que derramaba lágrimas al cielo.

Por el ocaso se acercaban sombras que lo maculaban todo

y una voz huyó de la boca de la congoja.

¡Ah las campanas de duelo que tocaban a silencio!

¡Ah la angustia que se retorcía entre las muecas de los labios!

¡Ah el dolor que se llevaba el viento entre sus uñas!

¡Ah la tarde de espanto que derramaba lágrimas al cielo!


© Julio Noel