Manos ensangrentadas brotaban del caos
para perderse en los días sin límite.
Volaban como palomas heridas
por la curva del tiempo
y por la orilla del dolor.
Amé los labios ausentes.
Amé la desesperación.
Una palabra hirió el atardecer
y se escondió en el susto de las hojas.
La añoranza se vistió de amarillo
para cobijarse en los brazos de la amargura.
Entonces,
un grito se desnudó del tiempo
y cayó en el mar de la desesperanza.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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