Las caricias de la mimosa resbalaron por los cristales.
Su perfume se fundía en el oro del ocaso.
El tiempo fluía por los racimos de flores
y caía teñido de amarillo a la suavidad de la hierba.
A lo lejos el horizonte se hundía en el mar.
Una mano de nieve cerró el balcón
y el silencio rebotó en los cristales.
Un grito desgarrador rompió
el perfume amarillo
y se estrelló en el acantilado de la nostalgia.
Un pájaro de colores cruzó la tarde
y el eco de su vuelo
se perdió en las sombras.
Ya no hubo más caricias en los cristales.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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