Más allá del silencio todo era caos,
todo era vértigo.
Vi una luz sin sombras
que caía en el pozo de la noche sin fondo.
Todo era dolor en las manos
que
acariciaban la cuna del sueño.
La vejez,
toda la vejez se hundió en un tiempo sin límites.
Era el momento de las fieras sin cuerpo.
Era el momento de los pájaros sin alas.
Era el momento de los cuerpos sin rostro.
Una voz rozó el silencio de las manos
que acariciaban el sueño.
Luego
se precipitó en la noche sin fondo
para llevarse mis recuerdos.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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