Unas manos se alejaban de mí
y caía en el espanto del olvido.
Surgían unas sombras en la noche
que llenaban el hueco de mi terror.
Esas sombras me alejaban por las huellas del dolor
hasta la cumbre del abandono.
Mi pena, cansada, se sentó
a la orilla del asombro
por donde caminaba mi llanto.
La angustia y la amargura iban conmigo.
Unas manos se alejaron de mí.
Y vi sombras en la noche
que ocuparon el vacío
de aquellas manos que me abandonaron
en el espanto del olvido.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor