Crucé la primavera de mi vida sin un nombre
que mancillara tus labios
y me alejé por remotas praderas
hasta el límite del olvido.
En el sueño de la tarde quiero recordar
tu nombre y tus manos
para no perderme en la senda sin nombre.
Pero ¿tus manos?,
ya no recuerdo cómo eran tus manos,
y ¿tu nombre?,
tu nombre se ha ido.
En el sueño de la tarde
ya no puedo recordar tu nombre ni tus manos,
en el sueño de la tarde
sólo puedo recordar el dolor de unos labios.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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