Aquel silencio entre la luz y la sombra
se hizo denso como la hora de la muerte.
Ascendía lentamente por la amarillez
de la tarde.
En la antesala del espanto
una boca sin palabras derramó el dolor
por la orilla de mi corazón hasta rebosar
los labios del hastío
y
tú
caíste
al fondo del abismo.
Unos ojos desorbitados fueron al encuentro
de tu mirada perdida
y se estrellaron contra las paredes del miedo.
Después sólo el sonido del silencio
rebotaba en los alaridos del dolor.
© Julio Noel
De
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