No fue suficiente toda la eternidad
para recordar el beso del olvido.
No fue suficiente todo el dolor del mundo
para detener las lágrimas de un lirio.
¿Para qué voy a beber el viento blanco
que se posa en la angustia de unos ojos?
¿Para qué voy a beber el color amarillo
que cae en la indiferencia de las manos?
¿Para qué voy a beber las gotas de rocío
que se funden en los horizontes lejanos
si ya no hay rosas en el camino?
Ya no hay tiempo para el beso perdido,
que se fue por el río de la amargura,
que se fue por la senda del dolor,
que se fue por la mar sin orillas,
que se fue por el vacío.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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