El canto de la alondra se estrelló en la fuga del tiempo.
Sus notas, esquirlas de color, caían en el carmín de las rosas
y se esparcían por la lenidad de la primavera.
Era bella la sonrisa del alba.
Por la orilla del aire huyó un grito silencioso
de una boca oculta en el susto de los olmos.
¡Ah, el dolor que se esconde
en el grito del aire!
¡Ah, el perfume de la mañana!
¡Quién pudiera ser fugaz y eterno como el agua,
como el aroma que emana de los lirios,
como un pájaro que vuela
hacia el límite del vacío,
como un sueño azul en una noche de luz de plata!
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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