Bajo el silencio de los robles escuché la huida del tiempo.
Se iba en el zumbido de los insectos
hacia la profundidad del aire.
En el borde de su ausencia
las margaritas lloraban su soledad.
Gotas de rocío deslizaban su angustia
por la nieve de sus labios.
El dorado rumor de una abeja
se posó en el tedio amarillo de una flor.
Bebió la luz del rocío
antes de asustar con su zumbido la quietud de otra flor.
Abeja y margaritas lloraron juntas el dolor de la tarde
antes de decirse adiós.
Y a mí se me partió el corazón.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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