No bastó el mar sin orillas
para beber todo el dolor de un beso.
Vi la sombra de la incertidumbre
abrirse en la herida de la noche.
Un alarido de silencio atravesó la oscuridad.
Vi precipitarse el llanto sobre la hierba.
Un pájaro ocultó su canto en un ala rota.
Los lirios lloraban lágrimas azules
que herían la fragancia de sus labios
en la hora de los sueños.
Entonces se abrieron las rosas
en la profundidad de la noche
y todo mi dolor se redimió en un beso.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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