La mirada sin rostro vigilaba la noche.
En sus manos caían los gemidos del silencio
que se apagaban bajo las sábanas del dolor.
Iba presurosa por el límite del tiempo
en busca de palabras olvidadas,
de bisbiseos rotos en la oquedad de los labios.
A veces se escondía en la oscuridad
para que su sombra no tropezara con la penumbra de la noche.
Sus ojos inyectaban odio en el candor.
Ojos que se hundían en el mar de la perversidad.
A veces risas entrecortadas encubrían
los gemidos de dolor
que atravesaban las paredes del silencio.
Y la mirada sin rostro caía
sobre una cara ausente
que se ocultaba en la aureola de la penumbra.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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