Arrojé al mar la herida de mi dolor
para que no sangrara más,
arrojé mis lágrimas a la orilla de la luna
para que mi piel besara la hipérbole de la brisa.
En la noche sin límite vi la huida del tiempo
por la pendiente que atraviesa el dolor.
Un aullido de silencio estalló a mi lado
y se precipitó en el abismo del miedo.
Vi voces huir por un desierto de sombras.
Vi el dolor salir de bocas desorbitadas.
Vi manos herir el llanto de la noche.
Vi uñas rasgar el lomo del viento.
Vi golpear la luz del vértigo.
Para que mis lágrimas no cayeran en el llanto de la luna
arrojé mi dolor a la herida del mar.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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