Duele la tarde de espanto que se precipita
sobre el silencio de los bosques,
duele el quejido del mar que se estrella
contra el viento del norte,
duele el llanto de la luna que sangra
en la tenebrosidad de la noche,
duele el paso del tiempo
deshojando los pétalos de las horas.
Duele la vida,
duele la muerte,
duele el amor...
¡Y si hubiera una música que tocara en la tarde de espanto,
una voz que cantara en el mar,
una luz que ardiera en la oscuridad de la noche
y una sonrisa que brillara toda la eternidad!
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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