¡Ah!, una boca sin forma,
unos ojos desorbitados, lágrimas como puños,
alaridos de dolor…,
y la fusta cimbreante en unas manos sin misericordia.
Una mirada como el filo de una navaja caía
sobre el grito de horror que desgarraba
una garganta saciada de dolor y de sed.
Y los ayes ascendían hasta el hueco de
los corazones que nadaban
en el mar de la ansiedad.
Un grito de rabia brotó de la boca sin rostro
para infligir, si cabe, una pizca más
de dolor al cordero exánime.
La luz de los ojos se apagó en las manos
de la víctima inocente
y su boca se transfiguró en la mueca del dolor.
Una nube de terror cubrió todas las miradas.
© Julio Noel
De Estallidos de dolor
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